In Reflexiones

Desde hace algún tiempo empecé a caminar por el Parque del Este, llamado actualmente Parque Generalísimo Francisco de Miranda. Me encanta. Me deleito apreciando el ambiente y cada detalle. Evito sacar mi celular pero, a veces, no puedo resistirme a la tentación de tratar de captar y de compartir la belleza que me rodea. En algunas oportunidades es una garza blanca reflejada en el agua, a veces es una flor que nunca había visto, a veces es la montaña que siempre llama mi atención, especialmente desde uno de los puntos al Sur del Parque, a veces son las guacamayas…

Recientemente comenzaron a trabajar arduamente en recuperar algunas áreas, en limpiar el monte que había crecido demasiado y en darle un cariño a la vegetación. La verdad es que le hacía muchísima falta ese cuidado. No sé qué ocasionó que de repente se realizaran estas labores pero me encantaría que no se limitaran a realizarlas por una temporada, abandonándolas después, sino que esto fuera un esfuerzo de mantenimiento que se mantuviera en el tiempo independientemente de cualquier circunstancia. Alguien me comentó que estaban llevando a los reos a realizar estos trabajos lo cual, si es cierto, pareciera ser una buena idea para tratar de reinsertarlos en la sociedad y para que el Parque se beneficie de ese trabajo comunitario. Esto sin entrar en el tema de seguridad que es un tema muy importante pero no para ser tratado en esta oportunidad.

Mientras camino observando las plantas y los árboles, en muchas ocasiones me he preguntado cómo se podría lograr que quienes pasean por el Parque y, especialmente los niños, puedan conocer más sobre los árboles que brindan sus flores y frutos y sobre la vegetación que puede apreciarse de cerca. En algunas partes del Parque aún quedan algunas de las etiquetas que identificaban las plantas. He soñado con aportar mi granito de arena para volver a identificar toda la vegetación del Parque y para crear un programa de educación para los niños y demás visitantes y un programa de mantenimiento para quienes están encargados de cuidarlo. Aunque me gustaría que esto abarcara todas las áreas, incluyendo primordialmente la fauna, por alguna razón mi pensamiento se ha enfocado en la vegetación.

Creo que todo está interconectado…si uno mueve una pieza, se genera movimiento en las demás piezas que están engranadas…Creo que puede contagiarse la inspiración…Y creo que todo fluye…

Estaba almorzando con mi amigo, Oswaldo Lares, hablando de su sueño con respecto a su colección de instrumentos y de grabaciones de música folclórica y latinoamericana. Mientras conversábamos, sabiendo que él es arquitecto paisajista, le pregunté si podía contar con él para que me acompañara al Parque del Este a tratar de identificar la vegetación allí existente. Le hablé de mi sueño de lograr una transformación de nuestro

país mediante la acción…la acción de cada uno de nosotros…empezando por nuestro pequeño entorno y poniendo toda nuestra energía para lograr un cambio positivo en cada detalle.

Ese simple intercambio permitió que Oswaldo comenzara a hablarme de quiénes consideraba él que podrían ayudar en ese proceso. Me habló del arquitecto Leandro Aristiguieta y me dijo que él hubiera sido ideal para acompañarnos en este proyecto pero que había fallecido hacía algunos años. Y fue entonces cuando me habló de Roberto Burle Marx, de Fernando Tábora y de John Stoddart. Los dos primeros habían fallecido. Él los conocía a los tres. Me habló de su primer encuentro con John Stoddart en la universidad de Cornell, cuando Oswaldo estudiaba arquitectura y John había ido a dar una charla que cambió la visión de Oswaldo sobre la arquitectura y el paisajismo. Había presentado los trabajos que habían hecho en Brasil donde John trabajaba en la oficina de Burle Marx en Brasil. Oswaldo quedó totalmente deslumbrado por las imágenes de los diseños que ellos habían realizado. También me comentó sobre la parranda a la cual los venezolanos de Cornell se habían llevado a John ese mismo día, la cual se había extendido hasta la madrugada. Me contó como John le había dado una tarjeta de su oficina en Brasil que había permanecido casi olvidada hasta que a su regreso a Venezuela habían invitado a Oswaldo a trabajar en un proyecto de caminerías y paisajismo en el Club Puerto Azul. Oswaldo, con la humildad y gran solidaridad que lo caracterizan, había contestado que él no era la persona que estaban buscando y que más bien deberían contactar al grupo de Burle Marx, quien era el mejor paisajista del mundo.

Así fue como Burle Marx llegó a Caracas y ese fue el origen de todos los proyectos en Venezuela en los cuales después participaron Burle Marx, Fernando Tábora y John Stoddart.

Le pregunté a Oswaldo si él podía contactar a Stoddart y me dijo que sí. Tenía su número telefónico. Lo llamó en medio del almuerzo. Siempre es mejor hacer las cosas en el momento y no dejarlas para una posterior oportunidad. Así nos aseguramos que no las dejaremos perderse entre el cúmulo de obligaciones pendientes.

Esa llamada permitió que Oswaldo y John se reconectaran. Oswaldo de 85 años y John de 88…Cuánta sabiduría de vida junta…Cuántas experiencias…Cuánto conocimiento…Oswaldo me pasó el teléfono y tuve la oportunidad de conversar con John. Con su castellano gramaticalmente perfecto pero con un acento evidente, me habló con gran naturalidad. Compartió conmigo valiosa información y se mostró totalmente dispuesto a colaborar en cualquier proyecto que tuviera que ver con el Parque que él concibió junto con otros talentos. Hablamos sobre la necesidad de reforzar los diferentes tipos de bosque que están en el Parque tal como lo planteó Roberto Burle Marx en el proyecto original para que la reforestación tenga un sentido. Conversamos sobre la necesidad de comunicarnos con Inparques y lograr su apoyo. Le expliqué que creía en el poder de transformación a través de la acción…Le dije que podíamos transformar nuestro país empezando de abajo hacia arriba. Él estuvo de acuerdo y me invitó a ir a su casa con

Oswaldo para una reunión de trabajo. Nos conoceríamos, compartiríamos ideas, y determinaríamos los pasos a seguir.

Estaba tan feliz que no cabía en mi. Poder contar con la participación de John Stoddart iba mucho más allá de lo que yo misma había soñado. Me quedé con la idea de contactar a Inparques…No conocía a nadie allí…

El fin de semana siguiente, mientras me comía una deliciosa empanada en uno de los cafetines del Parque, comenté con una de las encargadas con quien algunas veces había compartido ideas sobre cómo cuidar y proteger el Parque, que me encantaría contactar a alguien de Inparques para presentar la idea y trabajar en conjunto con un interés común. Ella inmediatamente me dijo: “¿Por qué no hablas con él?”, señalando a un señor joven que se estaba tomando algo en el cafetín. Tenía una chemise con el logo de Inparques. Me lo presentó y nos pusimos a conversar. Le expliqué el proyecto y las ideas iniciales. Después él me presentó a otro funcionario de Inparques que también se acercó al cafetín. En menos de media hora de conversación, tenía el nombre de los funcionarios, su número de contacto, y el nombre de las personas con quienes debería contactarme en Inparques para coordinar y obtener cualesquiera permisos requeridos.

Tan fácil como eso…Una idea, un sueño, un proyecto, un compartir de ideas, una disposición…La entrevista con John será muy pronto y estoy deseosa de tener esa oportunidad tan maravillosa que me brinda la vida. Ojalá que a raíz de esa entrevista podamos determinar un plan de acción que pueda ser compartido con las autoridades competentes para que, en conjunto, podamos ejecutar e implementar los pasos a seguir y lograr instaurar en el Parque un programa de educación para los niños y demás visitantes y un programa de mantenimiento de la flora, adiestrando a quienes tienen esa función. Ojalá que logremos reforestar siguiendo el proyecto original de los diseñadores. Sueño que algún día, quienes caminen por el Parque se detendrán ante algún árbol maravillados y leerán la información que les explique qué tipo de árbol están teniendo la oportunidad de apreciar.

Espero también que podamos celebrar algún acto especial para agradecer la labor de John Stoddart y el amor que él le puso junto a sus compañeros al diseño del paisajismo del Parque del Este, el cual aún hoy riega a quienes lo visitamos.

 

16 de septiembre de 2017

7:30 p.m.

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