In Poesía

¿Por qué nos cuesta creer
que los milagros existen?.
Aunque ocurren diariamente,
nuestras mentes se resisten.

El nacimiento de un ser
es el milagro más bello,
pues conlleva amor y vida
y de Dios lleva el destello.

La creación del universo,
y de esta preciosa tierra,
es una muestra perfecta
del milagro que ella encierra.

Cada día, cono solo oír
lo que pasa en nuestro entorno,
se evidencian los milagros
como panes en el horno.

Hay algunos que están listos
para servir de alimento,
y hay otros aún en proceso,
que se cocinan más lento.

Cuando en voz alta exclamamos,
dándole gracias a Dios,
es posible que allí estemos
frente a un milagro de amor.

Si de un terrible accidente
logramos salir indemnes,
le damos gracias a Dios,
de una manera solemne.

Si una enfermedad ataca,
y nuestro cuerpo resiste,
le damos gracias a Dios
porque sabemos que existe.

Mas cuando alguien sostiene
que de un milagro se trata,
todos reaccionan y atacan
con filosofía barata.

Te dicen: “Tuviste suerte”,
o que fue una coincidencia,
o que fue cosa de Dios,
o que fue la providencia.

Si un examen evidencia
la curación imposible,
te dicen que fue un error,
ya que eso es lo más factible.

Muy pocos son los que creen
que un milagro haya ocurrido.
Va contra toda la ciencia
que hemos leído y aprendido.

Mas hace ya dos milenios,
quienes vieron al Mesías,
sí creían en los milagros
que había anunciado Isaías.

La Biblia dice que Cristo
convirtió el agua en el vino.
Él multiplicó los panes
y Él cambió nuestro destino.

Él curó a cojos y a ciegos,
y a otros muchos impedidos,
y devolvió la sonrisa
a los que estaban perdidos.

Él resucitó a los muertos,
volviéndolos a la vida.
Sacó espíritus malignos
donde el alma estaba herida.

¿Por qué entonces, si creemos
que Cristo hizo todo eso,
no aceptamos que un milagro
es un posible suceso?.

Que el Espíritu de Dios
contesta las oraciones,
y basta pedir con fe
para que oiga peticiones.

Si aquello solicitado
entra dentro de su plan,
Él efectuará el milagro
sin apuro y sin afán.

Y la paz de nuestro Dios
el ambiente colmará,
y su amor infinito
nuestras ansias detendrá.

¡Creamos pues en los milagros!,
y sepamos con certeza
que si pedimos con fe,
Él oirá lo que se reza.

Y cuando nos lo conceda,
o sin pedir nos proteja,
sepamos que no es la suerte,
sino un milagro en bandeja.

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