In Amor

Tengo yo tres bendiciones
que han llenado mi existir
sin las cuales no imagino
cómo pudiera vivir.

Fueron fruto del amor
y así fueron concebidos
semillitas germinadas
con sentimientos sentidos.

Fueron creciendo en mi vientre,
sin apuro, lentamente,
y esperados con amor…
y con fe…pacientemente.

Ya entonces yo les hablaba,
les cantaba y les amaba,
mientras con ansia observaba
el milagro que pasaba.

Tres momentos imborrables
Guardaré siempre en mi mente,
Cuando a cada uno de ellos
Sostuve yo suavemente.

De semillita a bebé,
lindo, puro e indefenso,
que depende y está unido
por un lazo bien intenso.

De bebé a niño curioso
que se mueve independiente
mientras tratamos nosotros
que siempre sea obediente.

Gota a gota, paso a paso,
con tiempo y dedicación,
les enseñamos aquello
que conforma la lección.

¿Cómo debemos vivir?
Amando a Dios de primero…
Amando también al prójimo,
Con un amor bien sincero.

Y mientras ellos aprenden
van llenando nuestras vidas,
de recuerdos, de alegrías,
y de rutas recorridas.

Apoyamos, compartimos,
guiamos y disciplinamos,
enseñamos, los cuidamos,
simplemente… los amamos.

Hasta que llega el momento,
siempre antes de lo esperado,
cuando de pronto enfrentamos
todo el tiempo que ha pasado.

Mi chiquito ahora es un joven,
cariñoso y muy apuesto,
que está listo para dar
lo que Dios haya dispuesto.

Mi niñita, ya de quince,
es más bella que una rosa,
dulce, tierna y delicada,
con un alma primorosa.

Y mi hijito, el más pequeño,
lleno de humor y sapiencia,
sigue cada día aprendiendo,
con su gracia y su inocencia.

Siempre doy gracias a Dios
por estas tres bendiciones,
que me han llenado la vida
de muy bellas emociones.

Le pido que siempre guíe
Su luz bendita a los tres,
que ilumine su sendero
y mantenga su interés.

Para que ellos a su vez,
vivan con sabiduría,
y enseñen lo que aprendieron,
y también sirvan de guía.

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