In Poesía

EL TIEMPO, 07.09.2012 – 05:30am

Una de las facetas interesantes de Trómpiz y que lo refería con orgullo, fue su actividad como dibujante de historietas tarea que cumplió para la célebre revista “Tricolor”

Por: José Félix Díaz Bermúdez

Con particular lamentación he recibido la noticia del fallecimiento del insigne maestro de la pintura venezolana Virgilio Trómpiz. Desde hace algunos años tuve el gusto de conocerle y visitarle en su taller de los Chaguaramos en Caracas y admirar su cordialidad, su gentileza, su sencillez, su naturalidad y su particular afán -no obstante sus años- de trabajar de manera constante en su obra, ya laureada, pero sin interrupción en el empeño creativo. En el lugar pude conocer varias de sus obras concluidas, otras en elaboración y, en particular me llamó la atención, un estudio relacionado con la historia contemporánea de Venezuela dedicada al ex Presidente de la República Carlos Andrés Pérez.

En fecha más reciente, junto con la dilecta amiga y destacada abogada, compañera entrañable de nuestros años universitarios, Dra. Maritza Mészaros, le realizamos una entrevista con el fin de publicar más adelante una serie bajo el posible título de “Hombres Soñadores”, material que avanzamos y que contempla la reunión del testimonio histórico de grandes venezolanos, aquellos cuyas vidas son ejemplo de virtudes, realizaciones y compromisos con un país mejor.

En esa grata reunión que duró varias horas en la cordialidad y familiaridad de su hogar, Trómpiz nos testimoniaba sus recuerdos de Coro, la ciudad donde nació; el apoyo que recibió por intermediación de un tío suyo por parte del entonces Presidente Eleazar López Contreras, quien al apreciar sus dibujos le otorgó una beca; su presencia en Caracas, a muy temprana edad, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes; su vinculación con notables pintores y las dificultades para su surgimiento; la apreciación del movimiento artístico de su tiempo y las influencias que recibió; sus maestros y sus compañeros; sus primeros amores;  la jovialidad de circunstancias personales propias de un hombre ingenioso y de excelente humor; y de manera particular, la historia sobre la creación de la figura artística femenina  característica de su obra, ya inmortal, como es la imagen enigmática una mujer blanca que se reitera en sus trabajos, y cuyo origen nos reveló al indicarnos que representaba a una novia suya que al saber que iba a morir, le solicitó al artista recordarla siempre y que la estampase en su obra, lo cual hizo de manera frecuente.

Una de las facetas interesantes de Trómpiz y que lo refería con orgullo, fue su actividad como dibujante de historietas tarea que cumplió para la célebre revista “Tricolor” destinada a la cultura, la educación y la sana diversión de los niños.

Entre sus obras más notables se encuentra en los primeros años de su producción “Naturaleza Muerta”, ganadora del primer premio del Salón Planchart, “Homenaje a Goya” con el tema de los fusilamientos a hombres del pueblo, “Lección de Piano”, semblanza maravillosa de una ejecutante en el fondo del cuadro, “La Raza”, poderoso cuadro representativa de la mujer negra, india y mestiza, “Ifigenia” que nos recuerda el personaje de la novela de Teresa de la Parra, “Conciencia” insinuante representación de un rostro humano y otro de fondo semejante, “Goajira”, presencia de la mujer zuliana de traje colorido y abundante cabellera oscura; “La Dama del Sombrero” que anticipa el tratamiento reiterado del tema, “Amigos” y “Domingo”, que incorpora la imagen masculina y familiar no muy común en sus lienzos, “Las Majas” obra extraordinaria que pude apreciar que caracteriza a dos mujeres españolas con mantillas, “Paloma y Toro” en la cual se visualiza en pleno vuelo un ave y la fuerza extraordinaria de un brioso animal blanco, “Desnudo”, etérea visión azul de la belleza femenina.

Particular mención debo hacer del extraordinario cuadro “Los Tres Majaderos” (de mi colección), en el cual está presente como tema rarísimo y único del artista el Libertador, Jesucristo y el Quijote, cuyo rostro y mirada cautivante de éste último -como nunca lo había visto- evidencia su pertenencia al mundo de los sueños y de los ideales.

Trompiz formó  parte de esos grandes artistas que no olvidaron sus raíces y que aprendieron con su trabajo meritorio expresar en el arte la manifestación fundamental de su existencia, procurando no estrictamente la celebridad, sino la creación misma, inspirados en diversos motivos de la vida, con hermoso sentido de humanidad.

Parte de su admirable talento, que principalmente se desarrolló en la pintura, igualmente comprendió su gusto por el canto y por la poesía, sobre lo cual nos regaló en esa inolvidable visita evidencia de su capacidad.

Lo recordaré  de manera especial conversando ambos observando el Ávila, desde el balcón de su casa en Caracas, invitándolo como lo hice entonces para que realizase una pintura de la montaña con su particular estilo, tarea que no sé si ejecutó, para testimoniar la admiración y gratitud a ella, la protectora de Caracas, la que Bolívar apreció como la hechura singular de la naturaleza que “nunca cambia” en hermosura y en presencia, monumento de la ciudad libertadora, eterna como sus glorias, ejemplar como muchos de sus hijos notables.

Comenzará el estudio profundo y la apreciación cada vez mayor de la obra de Trómpiz, hombre cordial, amable, gentil -como es y debe seguir siendo el venezolano-, gran artista de nuestro pueblo que ha pasado ya a la historia.

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