In Noticias, Verdad

¿Cómo puede subsistir

una bella relación

cuando reina la ironía

en quien cree tener razón?.

 

¿Cómo puede ella servir

el propósito buscado

si sólo persigue herir

al sujeto así atacado?.

 

¿Cómo puede un ser que ama

perder toda perspectiva

y utilizar la ironía

sin ninguna expectativa?.

 

¿Pues qué se puede esperar

del que atacado se siente?

¿Qué no se deje afectar

y que utilice la mente?.

 

¿Cómo lograr transmitir

lo que uno siente y percibe,

sin que sea sólo ironía

lo que quien lo oye recibe?.

 

¿Cómo lograr conversar

y que reine la armonía?.

¿Cómo lograr conexión,

transmisión y sintonía?.

Controlemos pues la lengua

y lo que la pluma escribe,

y frenemos la ironía

que nuestra mente concibe.

 

Habiendo desavenencias

y aspiraciones diversas,

es preciso definir

las ideas que están dispersas.

 

Es necesario entender

lo que en el fondo está inmerso,

para poder deshojar

la flor sin ningún esfuerzo.

 

Quitemos el interés,

los sentimientos heridos,

la vanidad, el egoísmo,

y los intentos fallidos.

 

Quitemos miedos y angustias,

recuerdos de los fracasos,

quitemos sombras y errores,

quitemos noches y ocasos.

 

Y entonces podremos ver,

en lo íntimo de nuestro ser,

qué es lo que perseguimos

y tratamos de imponer.

 

No se logra convencer

cuando se quiere imponer.

Es con razones y ejemplos

que el otro puede entender.

 

Controlemos pues la lengua

y lo que la pluma escribe,

y frenemos la ironía

que nuestra mente concibe.

 

Es llegando al corazón,

es hablando con amor,

es entendiendo que el otro

también cree tener razón.

 

Es entendiendo la duda,

buscando puntos de unión.

Es entendiendo los hechos,

buscando una solución.

 

Poniéndose en los zapatos

de quien se nos para enfrente

y cuestiona nuestros planes

y perturba nuestro ambiente.

 

Pidiendo a Dios que nos brinde

toda su sabiduría,

para poder concretar

y poder servir de guía.

 

Porque decir lo indebido,

en forma descontrolada,

sólo ofende sin sentido

y no se consigue nada.

 

Y porque escribir palabras

sin pensar, por emoción,

sólo deja cicatrices

y atormenta el corazón.

 

Controlemos pues la lengua

y lo que la pluma escribe,

y frenemos la ironía

que nuestra mente concibe.

 

¿A dónde lleva la rabia,

a dónde lleva el enfado,

a dónde lleva la ira,

a dónde lleva el pasado?.

 

Cuando todo eso está en calma,

y estamos más descansados,

entonces nos preguntamos

¿quién será el que habrá ganado?.

 

No se siente uno mejor,

la contraparte tampoco,

y a aquéllos que nos rodean

también les salpica un poco.

 

¿Será que valió la pena

permitir que la ironía

lograra aquello que ella

sabía que se proponía?.

 

¿Será que valió la pena

dar rienda suelta a la ira

y poner más leña al fuego

y hacer más grande la pira?

 

¿Será que valió la pena

agotar nuestra energía

dejando que dominara

y reinara la ironía?

 

Controlemos pues la lengua

y lo que la pluma escribe,

y frenemos la ironía

que nuestra mente concibe.

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