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Si se conocen la historia

de los huevitos de oro,

entenderán que hubo alguien

que perdió su gran tesoro

 

Lo perdió por no saber

qué era aquello que tenía.

El valor que poseía

no logró reconocer

 

La fortuna le sonrió

por fin al pobre infeliz,

y él estaba muy contento…

¡Feliz como una perdiz!

 

Tenía ahora una gallinita,

metidita en un corral

que cada día ponía un huevo

que le daba su jornal

 

Con esos huevitos de oro

ya era rico aquél sin nada

Iba cada día adquiriendo

y soñando allí en su almohada

 

Pensaba en que ya tenía

mucho de lo que quería…

más también seguía soñando

en cuánto más pretendía

 

La avaricia consumió

toda su alma y su interior.

Aún deseaba muchas cosas

y eso le daba escozor

 

Quien siendo pobre era rico,

un día, viéndose al espejo,

concibió una vil idea

y no buscó un buen consejo

 

¿Qué tal si mataba él

a la gallinita de oro

y así podía descubrir

la mina de aquél tesoro?

 

Ya no tendría que esperar

su huevito cada día…

podría tener todos juntos

los huevos que él pretendía

 

Ya no dependería más

de la gallinita de oro,

pues la mina sería suya

y así tendría un gran tesoro

 

Así como lo pensó,

al fin un día procedió

y a la pobre gallinita

él sin pensar degolló

 

Mas entonces descubrió

que no había ninguna mina.

Era la fiel gallinita

la que cada día ponía

 

Al matarla él acabó

con su fortuna diaria.

Su avaricia lo llevó

a miseria innecesaria

 

Aprendamos la lección.

No seamos como el avaro.

Querer más puede costarnos

al final mucho más caro…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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