In Verdad

Cuán interesante es
el concepto del deber…
su importancia en este mundo
trataremos de entender.

Existe una distinción
entre el ser y el deber ser,
que para una vida sana
es preciso comprender.

¿Qué pasaría si pudiéramos
siempre hacer lo que quisiéramos?
¿Qué pasaría si en la vida
ningún límite tuviéramos?

Reinaría el caos y el desorden,
y también habría anarquía.
Conseguir más que lo justo
cada quien procuraría.

Incluso niños pequeños
buscan a veces tomar
aquello que no es de ellos,
sin siquiera parpadear.

Mas cuando les toca a ellos
compartir lo que ellos tienen,
ya no es tan fácil hacerlo…
hay algo que los detiene.

Por eso desde la cuna,
como padres enseñamos
a nuestros hijos a ser
siempre buenos ciudadanos.

Profesores y maestras
ayudan en la lección,
y así se enseñan principios
a cada generación.

Cuando enfrentamos el mundo
y estamos medio perdidos,
entonces nos cuestionamos
todo aquello que aprendimos.

Hay una contradicción
entre el ser y el deber ser.
Lo que creímos que era
no parece ya más ser.

Aquéllos que se comportan
sin límites y sin freno,
parecieran disfrutar
la vida en un desenfreno.

Sin cumplir ninguna regla,
avanzan sin descansar,
adelantando a quien cumple
y trabaja sin cesar.

Cabe entonces preguntarse
si habrá valido la pena
tratar de seguir las reglas
en una forma serena.

La respuesta la encontramos
sólo en nuestro corazón,
cuando por fin entendemos
el final de la lección.

Que nuestra vida es mejor
con aquello que tenemos,
y que es más que suficiente
aquéllos que poseemos.

Cada quien tiene lo justo,
aquello que necesita,
y no le hace falta más,
porque lo que sobra irrita.

Mas que esto no signifique
que dejemos de creer
que todos debemos juntos
la justicia defender.

Que ello no nos afecte
el ímpetu ni las ganas,
de luchar por lo correcto
ahora que tenemos canas.

No perdamos nuestra fe,
ni dejemos de creer
que algún día, aquí en la tierra,
florecerá el “deber ser”.

Y todos los seres humanos
apoyarán la verdad,
la justicia, la equidad,
la amistad, la integridad.

Venciendo así la avaricia,
el carácter ambicioso,
y los deseos que dominan
el alma del poderoso.

Sigamos pues enseñando,
sin nunca desfallecer,
la diferencia que existe
entre el ser y el “deber ser”.

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