In Amor

Hay un dicho que de joven
no lograba comprender,
pero que la vida misma
me ha permitido entender.

Me pareció sin sentido
cuando lo ví y lo leí,
escrito en un cuadernito…
ese dicho decía así:

“El amor y el interés
se fueron al campo un día,
y más pudo el interés
que el amor que te tenía”.

Mi mente, aún muy inocente,
mi corazón, lleno de ilusión,
no permitían que a este dicho
yo le encontrara razón.

Pero… ¿cómo podía ser cierto
que un amor fuerte e intenso
pudiera ser el vencido
siendo tan grande e inmenso?

¿Cómo podía yo creer
que vencería el interés?
Era como ver el mundo
retorcido y al revés.

Y aunque la vida y los años
me han permitido entender
que algo de verdad había
en lo que no podía comprender,
a mi edad yo todavía
sigo creyendo que un día
el amor, que yace herido,
de repente sanará,
y que se levantará radiante,
como el sol del mediodía,
sorprendiendo al “interés”,
y así lo derrotará.

Cultivemos el amor,
reguémoslo cada día,
para que un día así florezca
como la más bella flor,
para que su fresco aroma
reine en todos los ambientes
llenándonos de alegría,
iluminando las mentes.

Este bello sentimiento
debe así prevalecer
para llenarnos de gozo
y completar nuestro ser.

Pues el amor puro y limpio
no pide, sino que da.
Todo lo demás termina,
pero él nunca acabará.

Porque la Biblia nos dice
que nuestro “Dios es amor”,
y como Dios es eterno,
nunca morirá el amor.

“Amados unos a otros”,
eso dice la palabra.
Cultivemos sin descanso
como el que cosecha y labra.

Porque el amor es de Dios,
y quien permanece en Él,
no siente ningún temor,
y es dulce como la miel.

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